lunes, 8 de marzo de 2010

Carta de un criminal

18/09/19...
El tiempo, tan leno y pausado, ha pasado en todos los oscuros rincones de este inmenso mundo,para cada uno de su millones de habitantes, incluso ha demacrado y arrugado mi rostro, ha hecho que mis miembros pierdan la fuerza de su juventud, que lo habitual sea un esfuerzo. Se ha llevado consigo a mis más preciads confidentes, a la mayor parte de mi ayer, dejándome perdido y viejo en una ciudad de extraños colores y formas abstractas.
Todo muere y todo deja de ser lo que era, lo que fue, excepto la mente. Mi mente, mis recuerdos. Porque, ¿quién puede arrebatarme mis recuerdos a ésts alturas de la vida? Nisiquiera mis deseos de olvidar escenas concretas logran anular esas imágenes y, a su vez, valiciosos recuerdos que hoy sólo son borrones...
Mi existencia, tan normal y aburrida como la de cualquer parisino vista desde fuera, tan emocionante y exitante vista desde dentro. Mis numerosas vidas e identidades me convertían en el ser que quisiese, en un misterioso señor del que poco se sabia, en una fascinante ser en el que en el fondo todos temían, sólo hasta volver a casa, donde nuevamente era ese respetabl hombre que se invadi del miedo que él mismo provocaba, que temía por su vida y que se reía para sus adentros del terror ajeno.
Estrechando sus manos por el día, manchando mis dedos con su sangre por la noche.
Soy un artista, aunque muchos no lo vean así, soy un monstruo de la noche, un humano más jugando a ser Dios. Soy bueno en lo que soy, aunque quizás no debería estar tan orgulloso.
Puedo llorar por la vida que arrebaté sin lametarlo, puedo dormir sin pesadillas.
Oh querido señor, seguro que me recuerda. Tengo la certeza de que he sido su obsesión día y noche, que su mente repasaba una y otra vez los detalles de mi crimen perfecto.
Lamento decirle que su primer error fue enfrentarse a mi, aunque debo admitir que el juego de ser perseguido me hacia perfeccionar aún más mi trabajo, me hacia sentir invencible y, en cierto modo, lo soy.
Cuarenta años pasados y ni una sola pista válida, ¿no es así?
¿Cuál es su teoría, señor?
Seguramente se preguntará cual era la acción que nunca fallaba, cuál era la magia que borraba todo rastro, a lo que reponderé que un mago jamás rebela sus trucos.
Seguramente ya tenga noticias de mi último crimen.
Busque, no encontrará nada, de eso estoy seguro, tanto cmo que éste ha sido mi última actuación.
Ha sido un verdadero placer competir contra usted, ha sido, si me permite decirlo, una grata satifacción ganarle año tras año.
Habrá caído en la cuenta de que no he optado por ocultar mi identidad en el sobre, pero es posible que cuando termine de leer mi despedida sea tarde para hacerme pagar por todo lo que he hecho.
Disculpeme por mi pequeño error de antes. Mi última actuación aún no ha comenzado, ¿qué mejor que una retirada que con el propio mago como protagonista?
Mis más cordiales saludos y, a riesgo de parecer repetitivo, vuelvo a decirle que ha sido un verdadero placer por mi parte.
Atentamente,
Louis N. Richelieu.